"LA TOLERANCIA CERO ESTILO AMERICANO
PROVOCARÁ UNA CATÁSTROFE SOCIAL EN BRASIL"
Por Loïc Wacquant
1- ¿Cuál
es el objetivo de Cárceles de la miseria y el otro libro
Punir os pobres?
El
desafío de Cárceles de la miseria es explicar por
qué, en todas las sociedades avanzadas, la cárcel
ha crecido masivamente cuando hace sólo 25 años todos
predecían que estaba a punto de desaparecer de la escena.
La respuesta no tiene que ver con el delito, que no ha variado demasiado
-en los EE.UU., la población carcelaria se ha cuadruplicado
mientras que el índice delictivo era estable y luego rápidamente
ha descendido-, y todo tiene que ver con el incremento y la dispersión
del neoliberalismo y el cambio de actitud hacia los pobres ha traído
aparejado. Bajo el nuevo régimen de trabajo desregulado y
capital hípermovil, el Estado retira la red seguridad social
y luego extiende su sistema de policía y cárcel; en
primer lugar, para imponer los empleos inseguros de la economía
de servicio polarizado como horizonte normal de vida y, en segundo
lugar, para neutralizar y depositar a los segmentos perturbadores
y superfluos de la clase trabajadora. Reafirmar el imperativo de
"ley y orden" también permite a los políticos
retomar parte de la legitimidad que habían perdido debido
a la abdicación de la responsabilidad del Estado en el frente
social y económico.
En Punir os pobres, muestro cómo los EE.UU. han inventado
una "nueva administración de la miseria" de dos
maneras "reduciendo" sus programas de bienestar e "incrementando"
su sistema penal para contener los trastornos urbanos generados
por la diseminación de la inseguridad laboral, especialmente
en el ghetto negro. En Cárceles de la miseria, investigo
cómo exportaron esas políticas a Europa y el resto
del mundo, primero la doctrina de la "liberalización"
económica, luego los programas de "trabajo", y
finalmente las medidas punitivas necesarias para contener y controlar
a los pobres cuando ya no son apoyados por el ala del bienestar
social del Estado. La desregulación económica, la
retracción social y la expansión penal van de la mano:
la "mano invisible" del mercado halla su complemento político
en el "puño de hierro" de un Estado instruso e
hiperactivo.
2-
¿Cuáles han sido los resultados de esta política
en EE.UU.?
No
han sido menos que desastrosas: los EE.UU. se han convertido en
el mayor encarcelador del mundo, la primera colonia penal masiva
de la era democrática. Mantiene detrás de rejas a
más de dos millones de personas, siete veces el índice
de Brasil, y mantiene un total de 6 millones bajo supervisión
criminal. Un hombre negro de cada diez y un un joven negro de cada
tres está en estos momentos bajo autoridad penal. Las cárceles
se han multiplicado como hongos y se han convertido en el tercer
empleador del país (después de Manpower Inc. y Kelly
Services, dos agencias para el "trabajo temporario", que
no es coincidencia). Para alimentar su crecimiento, han tenido que
cortar los fondos para programas sociales, viviendas públicas,
educación y salud. ¡Pensar que cuesta 70.000 dólares
por año mantener encerrada a una persona en un calabozo en
la ciudad de Nueva York! Desde 1994, California ha gastado más
dinero para sus cárceles de lo que ha gastado para sus universidades,
y los guardiacárceles tienen mejores salarios que los profesores
de mediano nivel.
Las ideologías del Estado penal sostiene que el encarcelamiento
masivo ha reducido el delito pero en realidad las dos tendencias
están completamente desconectadas: el delito ha descendido
ocho años seguidos mientras que el encarcelamiento ha ido
en permamente aumento. Entre tanto, la cárcel desestabiliza
porciones cada vez mayores de la clase trabajadora (que proporciona
el 90% de la población de internos) y despedaza el tejido
social de la comunidad negra. Y debido a la reducción de
los derechos civiles de los convictos y exconvictos, 4 millones
de estadounidenses están excluidos del voto en estos momentos,
incluyendo a 1.400.000 que estarán privados de sus derechos
civiles de por vida. Esto es así debido a que el tratamiento
penal de la pobreza sólo el fenómeno que se supone
debe remediar: amplifica, concentra, y perpetúa la inestabilidad
social de las comunidades pobres.
3-
¿Cuál es el mensaje del libro para el pueblo brasilero?
Así
como otros países del "Segundo Mundo" en toda América
Latina, Brasil está tentado de importar el discurso estilo
estadounidense y la política de la "tolerancia cero",
porque parecen y se ven "modernas" y porque son la contraparte
lógica a las políticas de desregulación económica.
Pero en Brasil esto promete producir una catástrofe social
de proporciones históricas debido a que la profundidad y
la escala de pobreza son más masivas, porque el delito violento
es más alto y está más arraigada en la historia
y la economía del país, y porque la policía
no es un remedio contra la violencia sino una importante fuente
de violencia por propio derecho, debido a su uso rutinario de la
fuerza excesiva, la tortura y la ejecución de los sospechosos.
Más aún, Brasil no ha desarrollado un sistema tribunalicio
y una cultura legal que asegure la protección mínima
de los derechos constitucionales y su sistema carcelario es tremendamente
inhumano e ineficaz. Bajo estas condiciones, responder a los desórdenes
generados por el incremento de la pobreza absoluta y relativa asociada
con el neoliberalismo con el aparato penal es equivalente a instituir
una verdadera dictadura sobre los pobres. Es fundamentalmente antiético
para el proyecto de construir una sociedad pacificada y democrática.
Brasil rápidamente descubrirá que las cárceles
nunca solucionan problemas sociales: sólo los hacen invisibles
momentáneamente para la sociedad que las rodea. Pero estos
problemas sólo se pudren y se empeoran entre tanto : no desaparecen
por arte de magia.
4-
¿Una de las soluciones para impedir que los presos se expresen
a través de la violencia sería crear otros mecanismos
para que se expresen?
Las
cárceles brasileras están repletas e increíblemente
superpobladas; existe un gran déficit de acceso a espacio,
comida, higiene y salud, y niveles extraordinariamente altos de
brutalidad, tanto entre los internos como entre guardias e internos.
Las condiciones materiales de la detención son tan horrendas
y la negación de los derechos básicos es tan rutinaria
como para hacerlos meros campos de concentración para los
pobres -y hago uso de esta expresión deliberadamente-. Así,
obviamente, cualquier cosa que mejore estas condiciones es un paso
en la dirección correcta y brindar a los internos canales
significativos mediante los cuales expresen sus agravios es evidentemente
preferible a la única opción que tienen ahora, la
de armar disturbios.
Pero sería aún mejor hallar alternativas al encarcelamiento
confiando en sanciones de la comunidad, multas, reparación
y restitución, y tratando las causas profundas del delito
y la desviación en la pobreza, desempleo o subempleo, miseria
y desesperación. Esto es porque en estos momentos, sea en
el continente americano, en Europe, o Brasil, las cárceles
no sirven a ningún propósito significativo que se
pueda identificar: no rehabilitan, no disuaden, y tampoco neutralizan
a los criminales. Si alguien dice saber a qué propósito
sirve la cárcel hoy, está mintiendo porque en realidad
encarcelamos por hábito e inercia, por una reacción
de miedo y disgusto hacia los pobres y los diferentes. Pero, nuevamente,
se puede esconder la diferencia y la pobreza detrás de altos
muros, pero no desaparecen por ello.
5-
¿Qué muestran las rebeliones en Brasil, según
Cárceles de la miseria?
Muestran
la urgente necesidad de reconectar la cuestión penal y la
nueva cuestión social que plantea la expansión del
capitalismo salvaje y la rendición de los estados nacionales
a la dictadura del mercado. No podemos plantarnos -menos aún
resolver- los problemas del delito y la violencia si no los relacionamos
a los parámetros básicos de inequidad económica
y marginalidad social. No podemos comprender la inseguridad criminal
por afuera de su relación orgánica, la inseguridad
educativa, la inseguridad de salud, la inseguridad habitacional,
etc. Los temas de justicia criminal y de cumplimiento de la ley,
son, en el fondo, temas de justicia social en el sentido más
amplio y más noble del término, porque comprometen
al tipo de sociedad que somos y que queremos ser. Por lo tanto,
deben ser el sujeto de un profundo y amplio debate cívico,
y no de una estampida para lograr una imitación tipo esclavista
de consignas autoritarias en decadencia que suenan bien sólo
porque proviene de los EE.UU.
* Loïc Wacquant es Profesor en la Universidad de California,
Berkeley, e Investigador del Centre de Sociologie européenne
du Collège de France. Su obra trata de la inequidad urbana
comparativa, la dominación racial, el encarcelamiento, la
violencia y el cuerpo, y teoría social. Ha sido profesor
visitante en Río de Janeiro, París, Los Ángeles
y Nueva York. Es miembro fundador del grupo de activistas académicos
franceses "Raisons d'agir" y contribuye regularmente con
Le Monde diplomatique. Acaba de publicar tres libros en Brasil:
Prisôes da miséria (Zahar), Punir os pobres (Freitas
Bastos), and Os Condenados da cidade (Revan). Hará una visita
a Río de Janeiro a comienzos de abril.